Henri Matisse. – La forma
Matisse nunca se preocupó en sus lienzos de nada más que del color y lo que evoca con él, pero a pesar de ser conocido fundamentalmente como pintor, fue también un excelente escultor y dibujante, entre otros.
Una de sus primeras obras escultóricas es la serie Jeannette I-V.

En ella Matisse realiza un estudio de la forma fisionómica a través del modelado de cinco cabezas femeninas. Reconfiguró radicalmente la representación tradicional del rostro humano. Su objetivo en el retrato no era lograr la precisión visual, sino más bien revelar las «cualidades esenciales» del rostro, cualidades que, según él, la imitación física no podía capturar.

Esta es Lydia Delectorskaya la cuidadora de Matisse en sus últimos años de vida y también modelo de algunos de sus cuadros. Muestra esta pintura un intenso colorido y representación de la mujer sin una sola línea recta en todo el lienzo. Al Matisse de esa época también le gustaba meter elementos decorativos y todo tipo de arabescos, que hacen muy fácil confundir figura y fondo, eliminando toda profundidad si no fuera por la silueta negra que rodea a Lydia para destacarla y darle forma.
Esta pintura es muy importante incluirla porqué resultó bisagra y el comienzo del otoño de la vida de Matisse.
Cuando ya no pudo manejar los pinceles, por su enfermedad que le tenía en silla de ruedas, buscó y encontró como solución recortar y pegar formas simples de colores para hacer collages tan sencillos como expresivos con la intención de crear, como él mismo dijo, «un pequeño jardín por el que pasear mientras estoy en cama«. Pintar con tijeras fue la forma de expresarse entre 1937 y 1954, con papeles de colores recortados Matisse evoca exuberantes formas vegetales de múltiples colores.

En un tamaño descomunal, todo un jardín de casi 8 metros, el artista sitúa a estos dos personajes, el periquito y la sirena, mimetizados con el resto de formas recortadas. Los dos se miran a distancia como representando un amor imposible entre dos especies incompatibles. Los dos, con formas tan simples y hermosas, son de azul ultramarino evocando las olas del mar, el susurro de la brisa en las hojas de los árboles y la música jazz, que fue muy importante para Matisse a la hora deliberarse artísticamente.

Este es otro ejemplo de obra maestra conforme a esta etapa de Matisse y a su manera de tratar la forma. Produjo una serie de obras conocidas como gouaches découpées, estos se hicieron cortando formas de papel que había sido pintado con gouache. Las formas fueron colocadas y pegadas por un asistente que trabajaba bajo las instrucciones de Matisse. La hija de Matisse, Mme Duthuit, dijo que su padre hizo un gran número de dibujos de caracoles en este momento y que la idea de este trabajo surgió de ellos (el patrón formado por las formas coloreadas en el centro del trabajo imita el patrón de una concha de caracol). Él mismo dijo de esta técnica: «me permite dibujar en el color. Es una simplificación para mí. En lugar de dibujar el contorno y poner el color dentro de él, uno modificando al otro, dibujo directamente en el color».
A pesar de ser conocido por su trabajo con el color y ser el percursor de movimiento Fauvista también trato la forma en sus últimos años de vida como hemos podido ver. Fue un gran artista y nunca dejó de lado sus innovaciones a pesar de sus discapacidades.